El Cantar de la Lluvia
... in which our hero awakes only to find that the moonlight is shining on his face.

Tuesday, March 20, 2007
Carretera Austral Parte 13: Volcán Osorno, Valdivia y La Vuelta A Casa
|
Días 21-22: Lago Llanquihue, Volcán Osorno, Petrohue, Valdivia y la vuelta a Santiago. |
![]() |
Camilo
y yo habíamos acordado separarnos esa mañana, para que él pudiera
aprovechar su velocidad mayor en la carretera, y por si quería
detenerse a pescar un rato. Nos despedimos, y recorrí los 20 metros
hasta la YPF a la entrada de Puerto Varas. Fui al Redbanc a sacar
dinero.
> 20000 <
Lamentablemente no es posible entregarle el monto solicitado. Vuelva a intentar de nuevo con otro monto.
> 10000 <
Lamentablemente no es posible entregarle el monto solicitado. Vuelva a intentar de nuevo con otro monto.
> 5000 <
Lamentablemente no es posible entregarle el monto solicitado. Vuelva a intentar de nuevo con otro monto.
> Consulta de Saldo <
Su saldo total es de: 287 pesos.
Well, fuck.
Hola, Camilo? Saliste ya? Erm... tú podrías prestarme un poco de dinero?
Con eso, nuestra separación se postergó.
Era
un día hermoso, y me sorprendió la cantidad de lugares para
entretenerse y comer al costado del camino que bordea el lago
Llanquihue.

Decidí subir al Volcán Osorno, y Camilo siguió hasta los Saltos del Petrohué.
A
la subida, un bosque , y después nada más que arena volcánica y
corridas de lava. Desde el centro de ski miré la vista unos segundos, y
bajé nuevamente.
Habré
recorrido un par de km hacia los Saltos del Petrohué, cuando me topé
con Camilo, que venía de frente. Qué tal es?, le pregunté. Hm, nada
espectacular. Un par de fotos lindas, sería todo.
Lo pensé:
dejaría de lado los famosos Saltos del Petrohué, con formaciones de
lava que canalizan el agua en formas hermosas e interesantes? Cometería
el sacrilegio de dejar algo sin visitar?
Pico en el ojo,
como dice Camilo. Si la vista desde el volcán no me provocó nada, menos
lo haría otra cascada más. Mejor dejarlo para otro día.
Así
que se aplazó aún más nuestra separación. Seguimos dando la vuelta al
lago Llanquihue, extrañamente otra vez rodando juntos sobre un camino
de tierra, pero éste sí que sería el último tramo de tierra en todo el
viaje.
Aquí, Camilo hace una danza interpretativa titulada "Soy el volcán. Soy el volcán!"
Pasamos
a Osorno a cargar combustible. Hace rato que tenía puestos los tapones
de oídos para el ruido, algo que me fue completamente indispensable
para los tramos de asfalto en la moto. Bien, bien adentro, de tal
manera que a 100 km/h, el ruido obsceno de la XR no es más que un
ronroneo, y tu respiración es lo que domina el espectro auditivo. Así,
aislado, como astronauta casi, entraba en un estado semi-desconectado.
Alerta y atento, pero con una sensación de irrealidad. La primera vez
que usé los tapones, a la ida, el efecto persistió aún cuando paramos a
comer algo en una YPF. Incluso Camilo me preguntó si algo me pasaba,
era tal mi mirada hacia la distancia.
En este estado entramos a
Osorno, y el cargar combustible fue algo mecánico, algo que se hace con
impaciencia por volver a avanzar. Y quizás era ese el cambio que había
ocurrido: habíamos entrado, sin saberlo, en la modalidad del regreso,
de la autopista, de cubrir cientos de kilómetros en el menor tiempo
posible. Me pregunté si había sido una transición reversible. Todo
indicaba que no.
Decidimos parar en Valdivia, por último para
conocer. Mientras esperábamos en la cola de espera para un banderero
eterno, concordamos que todos decían que Valdivia es una de las
ciudades más lindas de Chile. Será pues.


Aburrimiento.
Finalmente
avanzamos, y llegamos a Valdivia, entrando por un largo camino, similar
a Irarrázabal en Santiago, pero más ancho. Seguramente lo lindo estaría
más adelante.
El alter ego de Irarrázabal continuó eternamente,
hasta que llegamos a la costanera. Ah, sí. Río, barcos atracados, uno
que otro puente, un malecón, bien. Paramos al final de la costanera, y
Camilo, sin poder aguantar un minuto más, fue a orinar detrás de un
edificio de aspecto moderno. Volvió con cara de no-alivio. "Creo que no
sería buena idea mear el edificio de tribunales" dijo, mientras se
dirigía en busca de un baño.
De
ahí en adelante, dimos varias vueltas grandes, nos perdimos, y
finalmente nos alojamos en el Hostal Prat, a 11000 por cabeza la noche,
por cansancio y por no tener ganas de alojar en un sector como el de
Puerto Varas, de la noche anterior. Por lo menos era con desayuno, y
había un lugar seguro para dejar las motos.
Salimos a buscar
algo de comer. Algo nihilista se apoderó de nosotros, y como si fuera
por re-afirmar la diferencia entre el gran sur y esta ciudad, comimos
en el McDonalds.
Era viernes. Veamos si podemos terminar el
viaje con alguna actividad citadina interesante, me dije, dado que era
claro ya que habíamos pasado un punto de inflexión en el viaje, algo
que sucedió quizás al llegar a Quellón.
Salimos a buscar algo
qué hacer. Nos perdimos varias veces. Nuestras vueltas nos llevaron por
sectores que recordaban Viña del Mar, pero las zonas anónimas al este
de Av. Libertad, algunas partes cercanas al Barrio Brazil, algunas
áreas aledañas justamente a Irarrázabal. La ciudad más linda de Chile?
Las pelotas que es la ciudad más linda de Chile.
Le preguntamos
a una pareja si había un sector con lugares para ir a entretenerse,
dado que habíamos encontrado uno, pero al detenernos al frente, se
había aproximado un personaje poco agradable, quien nos dijo sh' uté tienen que ir pal otro local, queda a unas cuadras, yo cuido autos allá, yo les cuido las motitos, tienen que puro ir. Eso había eliminado de plano a ambos lugares.
Nos
indicaron una calle, y para llegar, nos perdimos de nuevo, y vimos más
de Valdivia de noche. Resultó ser algo así como una mini calle Suecia,
con varios locales a lo largo. Dejamos las motos temporalmente en la
vereda, Camilo con el equipaje completo todavía sobre la moto, por no
querer tener que re-empacar al día siguiente, y dimos unas vueltas para
mirar. Nada nos atraía de sobremanera.
En eso, pasaron los
Carabineros, quienes dijeron simplemente que las motos ahí serían
robadas, y que, además, estaban mal estacionadas.
Decidimos volver para dejarlas en el Hostal. Eso hicimos, y nos fuimos caminando de vuelta.
Cuento
corto, entramos a un lugar, y estaba lleno de chicos y chicas de 18,
19. "Hay olor a leche", dijo Camilo. Dado que parecíamos padres que
habían venido a buscar a sus hijos, hicimos lo único que se podía
hacer, y bebimos.
Saturados, nos largamos, y encontramos una
billetera sin dinero en la acera. Preguntamos por la comisaría más
cercana, dado que tenía los documentos todavía en su interior. Con una
trayectoria levemente oscilante llegamos, y aguantando la respiración,
hicimos entrega de la billetera.
La vuelta al hostal fue larga, porque nos perdimos de nuevo.
Al
día siguiente Camilo fue a Niebla, por recorrer, y por ver si
encontraba algún río de dónde pescar. Yo me encaminé directamente hacia
el norte. Tenía claro que el encanto del viaje se había acabado, y
ahora no quedaba más que volver a casa.
No recuerdo en qué momento fue, pero en algún punto decidí llegar ese mismo día a Santiago.
Los
843 km que recorrí ese día transcurrieron sin eventos de mayor interés,
salvo que me topé con Camilo en una estación de servicio; que calculé
mal, y tuve que entrar a un hoyo de pueblo llamado Mulchen a conseguir
bencina, donde un tipo me pidió dinero por haberme dicho cómo encontrar
la Copec del pueblo; que me tomé un mote con huesillos donde "El Rey
del Mote Con Huesillos", el cual estaba levemente ácido y me revolvió
el estómago.
Llegué pasada la medianoche, con la cabeza
zumbando, y con esa sensación de lo irreal, no sólo por los tapones de
oídos, sino por todo lo visto y vivido. Estaba realmente en Santiago?
Se acabó el viaje?
Despierto.
Abro los ojos. Aire fresco entra por la ventana. Sol! Entra sol al
cuarto. Eso significa que hoy será un buen día para andar. Habrán
buenas fotos. Pero dónde estoy? Este es mi cuarto. Estoy en mi cuarto.


Comentarios recientes